• Sebastián Errázuriz 1000x500px

Las creaciones de este artista chileno radicado hace 10 años en Nueva York desafían los límites de la imaginación. La madera ‒con la que se siente ligado desde niño‒ es protagonista de varios de sus obras recientes, que describe como “diseño coleccionable”. Sobre esta tendencia y su enfoque de trabajo aplicado a la madera hablará en la Semana de la Madera 2016.

 

Sebastián Errázuriz concitó la atención de los medios por primera vez en 2005, cuando subió una vaca a la azotea de un edificio, y el año siguiente, cuando instaló un magnolio en pleno círculo central de la cancha del Estadio Nacional. Desde entonces, vive en Nueva York, donde conjuga sus dos profesiones ‒la de diseñador y la de artista‒ con total éxito y buena crítica por la creatividad y funcionalidad de sus obras. Por estos días se apronta a viajar a Chile para participar en la Semana de la Madera 2016, donde dictará una charla el miércoles 31 de agosto a las 15:00.

 

“Trabajo en una serie de rubros que van desde el diseño de un salero, zapatos, una moto, un avión privado, incluso monumentos, algunos en conjunto con oficinas de arquitectura. Dentro de esos rubros, uno de los más importantes es el de mobiliario escultórico, que se vende en galerías de diseño a precios muy altos, similares a lo que cuesta un auto nuevo. Son piezas de edición limitada, que requieren mucho tiempo para fabricarse. Trabajo mucho con madera y gran parte de la charla va a tratar sobre mi enfoque de trabajo y cómo se aplica a la madera y otros materiales”.

 

¿Qué se entiende por “diseño coleccionable”?

─Es una tendencia de la industria, que se da en el marco del diseño de autor. Es como lo que ocurre con el arte, cuando hay obras que son coleccionables.

 

¿Tiene algún significado especial para ti trabajar con madera?

─Es clave, primero, porque aprendí a trabajarla con mi abuelo. Él trabajaba en una empresa y tenía un pequeño taller, le gustaba tallar crucifijos, barcos, veleros. Los fines de semana yo los pasaba con él, tallando. Segundo, la madera es uno de los materiales primordiales, su uso data de tiempos inmemoriales. Por extensión, es muy interesante la tendencia de generar obras inéditas con el mismo material y las mismas antiguas técnicas. Uno pasa a formar parte de una conversación donde dialogan los siglos. En tercer lugar, la madera es muy maleable, económica, ecológica. Y por último, trabajar con madera es un tema de gusto: me gusta como huele y que se puede trabajar con un pedazo que uno encuentra en cualquier parte.

 

¿Cómo se pasa de motivos que son los crucifijos a los motivos actuales que tienes tú?

─Lo que aprendí de mi abuelo es la técnica, la paciencia, la importancia de que existe una herramienta para cada objetivo. Completamente distinto es mi enfoque actual. Todos los trabajos que hago son basados en ideas. No encuentras trabajos míos que sean meramente estéticos. Mis trabajos son la representación de una idea. Y como tal, trato de usar íconos, como si fueran jeroglíficos. Mi idea es hacer pensar, empujarte a mirar nuevamente. Uno de mis enfoques para trabajarla es escultórico. Por ejemplo, por qué tengo que cortar el árbol en múltiples planchas, si tal vez simplemente tumbándolo y colocando encima un pedazo de vidrio se puede ver más hermoso. Por qué no ocupar las mismas ramas, doblándolas, cosiéndolas, deformándolas.

 

¿Cómo dialogan en tu trabajo la funcionalidad de los objetos con la libertad creativa?

─Me resistí a la idea de que teníamos que diseñar de la misma manera que se había diseñado siempre. Por eso estudié Arte y Diseño por separado. Ambas carreras son lenguajes diferentes, sin embargo, hay entre ellas un gradiente, como si fuera del blanco al negro. Y el muro entre ambos no es impermeable, entonces lo que trato de hacer es obras de diseño, funcionales, que tomen prestados elementos del arte: elementos escultóricos, conceptuales, tal vez existenciales. Y a la vez, trato de generar obras de arte que tomen ciertas funciones del diseño, para que no sean puramente frutos del narcisismo del artista. Yo bailo en esa área. La gracia del diseño de edición limitada, el diseño de autor, es que en la medida en que logre un balance económico y pueda pagar las cuentas, puedo hacer prácticamente lo que quiera.

 

Y las presiones del mercado, ¿cuánto determinan el grado de libertad que te tomas para diseñar?

─Yo al mercado casi no respondo. Por varias razones. La primera es que, en la medida que la gente sigue una tendencia, generalmente la pilla en su última etapa, cuando ya se ha convertido en una moda. Segundo, es mucho más difícil hacerte un nombre cuando generas trabajos que son parecidos a los que otros han hecho.

 

¿Cómo es tu espacio de trabajo?

─Tengo un taller en Brooklyn, deben ser unos 600 m2. Trabajo con un equipo de gente, tenemos todo tipo de maquinarias: hay un taller de carpintería completo, hasta impresoras 3D.

 


 

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